El niño
desde el nacimiento comienza a aprender todas las habilidades que le son
necesarias para vivir. Los padres, los hermanos, los familiares, los amigos,
los profesores, las personas extrañas, la calle, los medios de comunicación,
etc., influyen en ese aprendizaje.
También
se producen aprendizajes erróneos de las conductas que no son deseables como
las rabietas, las peleas, la desobediencia, los problemas con las comidas, los
miedos, la falta de atención, la ansiedad, la timidez. La mayoría de lo que un
niño hace, siente y piensa son CONDUCTAS APRENDIDAS.
Las
conductas se aprenden:
A
través de un proceso de asociación en el que intervienen:
Lo que
ocurre antes de la conducta (antecedentes) y lo que ocurre después de la
conducta (consecuencias).
Tendemos
a realizar aquello que resulta agradable y gratificante y se tiende a apartarse
de aquello que produce malestar. Por ejemplo, si un niño pega a otro niño y
recibe una felicitación de un compañero experimentará una emoción agradable.
Esta relación hace que el niño aprenda a pegar para recibir la aprobación de
los demás. El proceso de aprendizaje del comportamiento es mucho más complejo,
pero con este ejemplo se quiere resaltar cómo la conducta está en función de
las consecuencias que obtiene el niño. Y por ello, tenemos que decir que la
conducta de los niños es inestable y ya que no es siempre igual, es importante
no hablar de etiquetas, sino de conductas.
Tenemos
que tratar de utilizar “has hecho” y no
usar el “eres”.
EXPLICACIONES
INADECUADAS DE LAS CONDUCTAS DE LOS NIÑOS:
1.- El
recurso al destino y a la herencia: Estas expresiones “Ha nacido
torcido, le sale de dentro, cuando le da, le da, ha salido a su padre”,
fomentan entre padres y adultos actitudes fatalistas de desconcierto y desánimo
y no favorecen la necesidad de cambiar la conducta en el niño.
2.- Las
etiquetas “apático, “malo”, “está mal de la cabeza”, “egoísta”, “hiperactivo”, son tan
vagas e imprecisas que no nos permiten comprender lo que se quiere decir ni
saber lo que ha ocurrido realmente y dificultan el acuerdo.
Los
problemas de conducta de los niños no son una cuestión únicamente de ellos, de
su forma de ser, sino que implica a los padres en las relaciones que se
establecen con ellos.
La
conducta infantil se aprende y puede cambiarse si les entrenamos para ello,
administrando reforzadores sociales (sonrisa, elogio, motivación, etc.) y
convirtiéndonos en modelos a imitar.
La
obediencia y la desobediencia son conductas que se aprenden:
Habitúe
al niño a que obedezca a cosas muy fáciles o sencillas (a las que vea
predisposición). Refuércelo por ello (un halago, un abrazo, una sonrisa) y que
obtenga consecuencias agradables (salir a la calle un ratito, jugar con él a
algo, etc). Demuéstrele su satisfacción.
No
todos los niños obedecen siempre. Desobedecer es una forma de lograr la
atención del adulto.
Si el
niño encuentra más atención desobedeciendo que obedeciendo, le costará mucho cambiar su
conducta.
- Diseñe situaciones en las que el niño tenga facilidad para obedecer. El niño debe recibir atención cuando sí obedece.
- Asocie la obediencia con las tareas cooperativas ("entre todos terminamos más pronto", "me gusta que colabores con nosotros", "gracias por ayudarnos"....).
- La exigencia a obedecer debe ser gradual, comenzando por mandatos o situaciones fáciles o asequibles aumentando poco a poco la complejidad de la conducta de obedecer, según la edad del niño.
- No le dé excesivas órdenes al mismo tiempo.
- El niño debe recibir solamente 1 o 2 instrucciones para obedecer.
- No acostumbre al niño a darle instrucciones en voz muy alta y de una a otra dependencia de la casa.
- Informe al niño de los progresos que va realizando en su obediencia.
- Ver la tele, ir de excursión, salir a la calle, tener paga semanal, etc; podrían ser consecuencias positivas derivadas de aumentar su conducta obediente. Asocie estos reforzadores con los sociales: sonrisa, elogio, comentarios positivos, etc, cuando el niño obedezca.
- Podría obtener puntos por obedecer y canjearlos por reforzadores materiales (chucherías, cromos, etc).
- Las instrucciones para que el niño realice determinada cosa deben ser claras, concisas y objetivas y nunca ambiguas, extensas, etc.
* No deben ir acompañadas de contacto físico instigador (empujar, llevar de la oreja, tirar de él...). La instigación física ha demostrado ser un gran potenciador del incumplimiento por parte de los niños.
ORIENTACIONES
PARA AUMENTAR CONDUCTAS ADECUADAS Y DISMINUIR LAS INADECUADAS:
Lo que
siempre debemos hacer:
1.-
Observar y describir conductas de forma clara y precisa como método para
comprender el comportamiento de nuestros hijos. Proponernos un objetivo
concreto a conseguir en el niño y definirlo claramente.
2.-
Explicar al niño lo que deseamos que haga.
3.-
Valorar positivamente (premiar y alabar) todo intento de realizar ese objetivo
por parte del niño.
4.-
Debemos ignorar, cuando sea posible, las conductas inadecuadas.
5.- Que
los premios vayan después de haber hecho la conducta que queremos aumentar.
6.-
Hacer hincapié en el hecho de que él vale y es bueno y puede cambiar sus
conductas erróneas.
7.-
Cumplir las promesas que hacemos y hacer lo que decimos.
8.-
Ayudarles a solucionar sus problemas pensando con ellos posibles soluciones.
9.-
Exponer positivamente nuestros deseos: “Cuando termines de comer te daré el
pastel”. En lugar de decir “Si no comes no te daré el pastel”.
Lo que
nunca debemos hacer:
1.-
Intentar persuadir con sermones.
2.-
Recurrir a gritos, amenazas o arranques de cólera cuando se comporten
inadecuadamente. Recordemos que estamos sirviendo de modelos.
3.-
Intentar hacerles sentirse culpables mediante reproches o acusaciones.
4.-
Compararle con otros.
5.-
Prometerles cosas que nunca cumpliremos.
6.-
Traficar con nuestro cariño. “Te quiero si…”No te quiero si…”.El niño ha de
saber que lo queremos siempre y que vamos a responder de él.
7.-
Hacer cosas que interfieren con lo que decimos, por ejemplo, decirle ”No
grites” y nosotros como padres gritamos cuando nos dirigimos a él.
8.-
Infravalorarle, sólo o delante de otros. El niño puede equivocarse, cometer
errores, podrá ser castigado por ello... pero nunca porque sea malo o no valga.
Todos hemos sido niños y todos hemos querido tener la mejor orientación de nuestros mayores. Porque esta orientación determinará nuestros comportamientos en la edad adulta. Gran aporte Cristina!
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