La metáfora del junco y el roble
“A la orilla de un río, un
roble fue derribado por una tormenta y, arrastrado por la corriente, una de sus
ramas se encontró con un junco crecido en un juncal cerca de la ribera.
El impacto produjo un gran
desconcierto en el roble que no pudo evitar preguntarle al junco cómo había
logrado mantenerse sano y salvo, en medio de una tempestad que, por su furia,
incluso había sido capaz de arrancar de raíz un roble.
El por qué, dijo el junco,
consiste en que yo logro mi seguridad mediante una habilidad opuesta a la tuya:
en vez de permanecer inflexible y testarudo, me adapto ante las ráfagas del
viento y no sucumbo”.
¿Qué implicaciones tiene esta metáfora?
En la mayoría de los casos
que se presentan en consulta, la causa
de un determinado problema psicológico, viene precedida de no haber conseguido modificar
nuestra conducta ante un suceso traumático, estresante, o algún cambio
significativo en nuestra vida, ante él que no hemos podido cambiar y seguir
hacia adelante.
Y es que, cambiar, puede resultar
muy difícil y tenemos el derecho de sentir miedo, pero lo que hay que tener en
cuenta, es que “nadie cambia si no quiere cambiar”, por lo que somos nosotros
mismos los que tenemos que tener clara esa necesidad de cambiar en nuestra
vida.


