martes, 26 de marzo de 2013

LA TRAMPA DE LOS ¿Y SI...?


Hay personas que se amargan la vida con suma facilidad cuando, una y otra vez, se plantean “¿Y si hubiera hecho esto o aquello, esto no hubiera ocurrido?”, porque los acontecimientos actuales no resultan de su agrado y se lamentan de no haber actuado de otra manera o, mirando al futuro, se preguntan “¿Y si actúo de esta manera y luego me arrepiento?”. Se enredan con los “¿Y si..?”,  llegando a paralizarse y a atormentarse.

Os presento el cuento del sabio ermitaño, que resulta muy aleccionador al respecto:


“Había una vez un ermitaño sabio al que la gente del lugar acudía a contarle sus problemas y a pedirle consejo. Un hombre del pueblo tenía una yegua; un día se le escapó y fue llorando al ermitaño a contarle lo que le había pasado:

       ¡Mira qué desgracia me ha ocurrido, mi yegua se ha escapado!

       ¿Y  eso es bueno o malo? –respondió el sabio.

 
El hombre de la yegua no entendía nada y pensó: “este sabio es un poco raro; pues claro que es malo, qué pregunta más absurda”. Al cabo de las pocas semanas la yegua apareció. Y lo hizo acompañada de un robusto semental salvaje de pura sangre y además se encontraba preñada. El dueño de la yegua se puso muy contento, ahora tenía tres caballos en vez de uno, así que fue corriendo a contarle sus alegrías al ermitaño:

       ¿Te acuerdas de mi yegua? ¡Pues ha regresado! Y además está preñada y ha vuelto en compañía de un caballo formidable.

       ¿Y eso es bueno o malo?– Volvió a responder el sabio.

Ahora sí que el hombre de la yegua no entendía nada de nada, estaba empezando a pensar que el ermitaño no era tan sabio como la gente pensaba. Estaba claro que era una noticia estupenda y así se lo hizo saber mientras el sabio le miraba en silencio.

Al cabo del tiempo el potro nació. El hijo del dueño de los caballos se hizo inseparable del potrillo y le gustaba mucho montar en su lomo. Hasta que un día el chico se cayó del caballo y se rompió una pierna. Entonces el dueño de los caballos decidió volver a visitar al ermitaño para contarle de nuevo sus desventuras.

       ¡No sabes qué tragedia ha ocurrido! ¿Te acuerdas de la yegua que se escapó y regresó preñada? Pues a mi hijo le gustaba mucho montar en el potrillo y ahora se ha caído y se ha roto la pierna. Estoy empezando a pensar que tal vez hubiera sido mejor que la yegua no regresara nunca.

El ermitaño le miró sonriendo con un brillo algo burlón en los ojos y volvió a repetir su respuesta:

       ¿Y crees que eso es bueno o malo?

El hombre se fue algo enfadado no sabiendo qué pensar, creía que esa respuesta era absurda y que el ermitaño tal vez fuera un poco tonto, porque era verdad que el que volviera la yegua, que al principio le pareció una buena noticia, había sido la causa de que su hijo se rompiera la pierna, por lo que tal vez no fue tan bueno su regreso, pero; ¡¿qué podía tener de bueno que su hijo se hubiera caído?!

Al poco tiempo se declaró una guerra contra el país vecino y vinieron por todos los pueblos reclutando hombres y chicos. Sin embargo, el hijo del dueño del caballo pudo librarse del reclutamiento y de ir a la guerra gracias a que estaba herido y tenía la pierna rota por lo que no sería de ayuda en el frente de batalla. Cuando se disponía a ir de nuevo a consultar al sabio, se paró a meditar y pudo apreciar qué razón tenía el sabio al preguntar si lo que sucedía era bueno o malo”

Preguntas y enseñanzas para reflexionar:

       Las cosas que pasan no son ni buenas ni malas. Un suceso desafortunado, puede llevar a que ocurra un hecho afortunado que no hubiera podido suceder si no hubiera ocurrido el primero. Naturalmente, cuando estamos experimentando el suceso no alcanzamos a ver que lo que hoy es motivo de lamento, mañana puede ser motivo de felicidad y viceversa.
       Resulta del todo imprevisible prever las secuencias de acontecimientos que podemos generar con lo que hacemos, y resulta del todo inútil lamentarse por no haber actuado de otra manera en el pasado porque nunca sabremos qué fenómenos hubieran ocurrido y si estos habrían sido “buenos” o “malos”. Por otra parte, resulta inútil quejarnos de que hubiera sido mejor que las cosas hubieran ocurrido de otra manera porque nunca lo sabremos.

Recuerda:
  • Recordar esta metáfora nos puede ser muy útil cuando veamos que nos estamos enredando en los “¿Y si..?”
  •  Teniendo en cuenta que nunca podremos saber si lo que nos pasa es bueno o malo para el futuro, lo único que cabe es aceptar los acontecimientos como vienen y seguir caminando por la vida. Eso sí, dirigiendo nuestros pasos a donde decidimos hacerlo. No perder el tiempo en lamentos porque, en el caso de estar ante un problema o un suceso penoso, puedo pensar que este suceso puede ser una oportunidad. Y la mejor oportunidad es la de recordarnos que hemos de afianzarnos más en la vida. Esta es la tarea que nos corresponde.
El estrés y el arte de amargarnos la vida, Madrid Salud.

sábado, 23 de marzo de 2013

LA SATISFACCIÓN EN LA PAREJA


El sentimiento de valoración de la pareja responde básicamente a una valoración de lo positivo respecto a lo negativo. El balance debe ser positivo.
 

Aspectos que aumentan la satisfacción en la pareja:


ü  Demostrar valoración y respeto mutuo. Nos atrae una persona que es capaz de despertar nuestro respeto, que nos puede asombrar, entusiasmar, sorprender, sentir admiración está íntimamente unido a la voluntad de querer admirar.

ü  Ser cómplices. Ello quiere decir formar un frente común ante el devenir de la vida o ante cualquier circunstancia externa. Es un compromiso implícito de las dos personas.

ü  Ayudarse a ser independientes y responsables. Compartir y al mismo tiempo poder ser independientes, es un reto.

ü  Ser sinceros (pero no excesivamente). Hay detalles que es mejor no mencionar si no van a aportar nada constructivo y van a producir malestar. Hay que valorar la situación objetivamente.

ü  Huir de la rutina. La rutina empobrece y aburre, la pareja debe proveer el enriquecimiento mutuo de los cónyuges.

ü  Mantener las relaciones sociales. Amistades, planes, salidas, no encerrarse.

ü  Cuidar los detalles. La relación vive de las situaciones.

ü  Facilitar situaciones para reír juntos. Divertirse es una necesidad, el reírse juntos une.

ü  Pedir demostraciones de afecto. Es una necesidad que debe ser satisfecha, ya que afecta a las partes más íntimas de una persona. No hay que renunciar a esta necesidad.

ü  Decir te quiero, además de demostrarlo. No privemos a nuestro cónyuge de una de las satisfacciones más importantes de la vida en común: saber que le queremos. No seamos tímidos, ni lo digamos como una coletilla.

 ü  Manifestar los desacuerdos. Lo hacemos intentando mejorar la calidad de la relación y por no conformarse con la mediocridad.

ü  Pedir perdón e intentar compensar. Rectificar es de sabios, es expresar nuestra capacidad de humildad y de reflexión. Cuando alguien nos pide perdón sentimos que merecemos su preocupación, no disculparse es pensar que le somos indiferentes.

ü  Buscar tiempo. Debe existir un mínimo de tiempo para conversar, hacer planes juntos…

ü  Mantener una actitud abierta y flexible. Vivir en pareja requiere afrontar muchas situaciones cambiantes a través del tiempo. Para ello, es necesario contar con recursos y estrategias.
 

Aspectos que disminuyen la satisfacción en la pareja:


1.       Esperar a que la otra persona adivine lo que necesitamos, querer que se anticipe a nuestros deseos y nos coloque en el centro de su existencia.

2.      Responsabilizar al otro/a de nuestras frustraciones. También de que nuestras expectativas de vida en pareja no se hayan cumplido.

3.      Competir por quién es mejor, por quién aporta más en la relación.

4.      Acumular desaires, enfados y faltas de respeto, sin comentarlos de forma relajada.

5.      Dudar de la pareja. La falta de confianza es el inicio del resquebrajamiento de la relación.

6.      Renunciar a formular nuestras quejas y querencias de forma clara.

7.      Emplear la ironía, la crítica destructiva o la descalificación para dirigirnos a la pareja.

8.     Culpabilizar al otro cuando las cosas no salen tal y como las habíamos planeado al principio.

9.      Relegar las relaciones sexuales a un segundo plano. La carencia de un contacto corporal periódico es sinónimo de apatía y desánimo.

  

jueves, 21 de marzo de 2013

¿CÓMO ESTÁ TU JARDÍN?

“Imaginemos que tenemos un jardín y que somos los únicos responsables de cuidarlo. Somos el jardinero de nuestro jardín. Las plantas simbolizan lo que tenemos en la vida. Si observamos podremos ver las plantas que tenemos del trabajo, de la familia, de los amigos, de las aficiones, de nuestro cuerpo… Ante la visión de nuestro jardín,  podemos empezar a plantearnos muchas preguntas:


 
¿Todas las plantas están igual de cuidadas? ¿Cuáles están más mustias y necesitan más nuestras atenciones?

¿El número de plantas de nuestro jardín es el adecuado? Si tenemos demasiadas plantas quizá será imposible dedicarles el tiempo que necesitan, y si disponemos de pocas, y por inclemencias del tiempo se marchitan algunas, nos quedaremos con un jardín muy pobre.

Además de plantas, en nuestro jardín también se encuentran algunas semillas que nosotros mismos hemos plantado. Son nuestros objetivos. ¿Por qué hemos elegido estas semillas y no otras? Probablemente se deba a que queremos tener un jardín como el del vecino, quizá porque nos lo han sugerido con demasiado énfasis las personas que nos rodean, o tal vez porque realmente nosotros deseamos las plantas que brotarán de ellas. ¿Cuál es nuestro caso?

El crecimiento de las plantas requiere su tiempo. Muchos jardineros se impacientan, empiezan a plantar más semillas para comprobar si, al contrario de las ya sembradas, de ellas brotan plantas con más rapidez. Sin embargo, las semillas recién plantadas, como todas, requieren su tiempo para convertirse en plantas frondosas. Con su estrategia, fruto de la impaciencia, acaban con un jardín donde han sembrado muchas semillas, pero de las que no han obtenido ninguna planta porque no las han cuidado con paciencia. ¿Somos jardineros pacientes?

Muchos jardineros, cuando plantan una semilla se imaginan todos los detalles de la planta que crecerá. Y cuando observan que la forma o el color de las flores o el número de hojas no son exactamente como habían previsto, empiezan a creer que han escogido la planta equivocada o que quizá no hayan realizado de forma correcta su labor. Otros, en cambio, observan sus plantas y aprecian y disfrutan de esas pequeñas sorpresas de la naturaleza. ¿Nos desespera lo que no se ajusta a nuestras expectativas?


En nuestro jardín también habitan malas hierbas. Éstas simbolizan nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestras dudas, nuestros complejos… Hay jardineros que se dedican todo el tiempo a intentar arrancar malas hierbas y descuidan el resto de sus plantas. Cuanto más se dedican a arrancarlas, peor está el resto de sus plantas. Todos los jardines tienen malas hierbas. Si no fuera así, sería tan artificial que lo veríamos irreal.

¿Dedicamos más tiempo obsesionados con las malas hierbas o a regar nuestras plantas?”.
Wilson y Luciano.

lunes, 18 de marzo de 2013

CONSEJOS PARA PADRES CON HIJ@S ADOLESCENTES II


Para comprender algunos de los conflictos que se pueden generar entre padres e hijos durante la etapa de la adolescencia, os presento una metáfora que simboliza muy bien cómo son los sentimientos y comportamientos de los padres ante los cambios que van sucediendo en sus hijos.

“La marea”

La vida de nuestros hijos es como la marea. Mientras está baja, todo permanece tranquilo y podemos disfrutar de su calma. Pero llega un momento en que la marea sube y arrasa con todo lo que se encuentra por delante. Necesita demostrar su potencia, su inmensidad. Echamos entonces de menos cuando la marea estaba baja y podíamos disfrutar de ello. A veces, esa nostalgia nos empuja a pretender contenerla, a poner diques que repriman su fuerza.


Chocamos entonces, una y otra vez, contra las olas, sin darnos cuenta de que mientras luchamos contra la marea, nos estamos perdiendo la grandiosa transformación que se está produciendo en el mar.

¿CÓMO MEJORAR LA COMUNICACIÓN CON ADOLESCENTES?

Algunas de las habilidades básicas de comunicación con tus hij@s adolescentes son:

 

o Escucha y observación:

¿Qué es?: Demostrarle que nos interesa lo que dice, lo que siente, lo que le ocurre.

Sirve para: Que nuestro hijo nos escuche porque se siente escuchado. Conocer a nuestro hijo y saber realmente lo que siente, lo que ha ocurrido...

¿Qué hacemos?:

Les preguntamos por sus cosas, amigos, preocupaciones, intereses...

Les miramos mientras hablamos.

Asentimos o usamos expresiones: “ya, ya, claro...”

Resumimos la información del otro: “Así que me cuentas que…”

Sólo escuchamos.

o Empatía:

¿Qué es?: Ponerse en el lugar de ellos, su mentalidad, necesidades... aunque no nos guste o no estemos de acuerdo.

Sirve para: Posibilitar y mejorar la comunicación y las relaciones ya que favorece que confíe en los padres. Controlar la alteración emocional de nuestro hijo.

¿Qué hacemos?:

Pensamos la etapa por la que pasa nuestro hijo.

Usamos expresiones: “Te comprendo”, “te entiendo”, “lo siento mucho”, “sé que te sientes...”

Los gestos acompañan lo que decimos de forma sincera.

En un primer momento no corregimos ni damos consejos.

 

o Refuerzo:

¿Qué es?: Manifestar valoraciones positivas hacia los aspectos correctos, que nos gustan de ellos, sus esfuerzos...

Sirve para: Favorecer que se repitan determinadas conductas en los hijos. Favorecer el aprendizaje de conductas nuevas. Mejorar nuestras relaciones y la comunicación.

¿Qué hacemos?:

Observar los aspectos positivos de las conductas de nuestros hijos.

Expresárselo en un momento adecuado: por ejemplo, a los adolescentes no les gusta que les digan ciertas cosas delante de la gente.

Ser sincero y expresivo.

o Lenguaje:

¿Cómo debemos usar el lenguaje en la comunicación?

Mensajes yo: "Yo prefiero, yo siento, quiero, he decidido, me gusta..."

Lenguaje emocional: "Me encanta, disfruto, es precioso, me incomoda, etc."

Ir al grano, ser directo y sincero: Evitar los rodeos y las justificaciones.

Evitar el uso de términos peyorativos y las exageraciones: “Pareces una guarra”, “eres un inocente”, “eres un mocoso...”

Ser concreto: "Me gusta mucho tu forma de vestir, es original, no me gusta que no lleves la ropa sucia a la lavadora,..."

Buscar lo positivo incluso de los aspectos negativos: “No has aprobado matemáticas pero he de reconocer que te has esforzado.”

 

"Cómo convivir con adolescentes". Guía de la Comunidad de Madrid.

CONSEJOS PARA PADRES CON HIJ@S ADOLESCENTES I


Características de la ADOLESCENCIA

La adolescencia, del latín adolescere (crecer, desarrollarse), no es sólo una fase en el desarrollo psíquico del individuo hacia una supuesta madurez, sino también una transformación en algo nuevo. Nunca desaparece la infancia, así como nunca se accede a una madurez absoluta.

La adolescencia, como etapa de transición, se caracteriza por una serie de cambios físicos, psíquicos y sociales, vividos de una forma tan significativa que incluso algunos autores no han dudado en hablar de la adolescencia como un periodo diferenciado del ciclo vital humano. Por esta razón, resulta de vital trascendencia, a la hora de conocer las características más determinantes del adolescente, empezar por definir el periodo temporal en el que se encuadra:

El intervalo temporal en el que transcurre la adolescencia comenzaría a los 11-12 años y se extendería hasta los 18-20. Antes de esta edad de comienzo, hablamos depre-adolescencia en torno a los 9-10 años y después de los 20 años estaríamos refiriéndonos a la post-adolescencia (20-22 años) y a la edad adulta a partir de los 22 años.

Asimismo, dentro del periodo de la adolescencia, encontraríamos tres subdivisiones:

o Pubertad: cambios físicos y temperamentales (11-12 años).

o Adolescencia media: aislamiento/importancia del grupo (13-15años).

o Adolescencia tardía: inicio del final (15-18 años).

Sabemos entonces que la adolescencia conlleva una elaboración nueva del esquema corporal: se pasa de un cuerpo infantil a uno adulto y esto provoca gran inquietud en el adolescente ante la duda de cómo lo verán los demás. Se va formando la identidad personal, se requiere marcar diferencia con los adultos (ropa, lenguaje, etc.) y se produce una rebelión ante las normas. Más adelante veremos cómo podemos abordar dicha rebelión. Asimismo, se producen cambios con las personas adultas y, en especial, con los padres.

En definitiva, buscar la propia identidad, establecer un sistema de valores propio, satisfacer la necesidad de pertenecer, conformar la necesidad de independencia, etc., son algunas de las “tareas” con las que se enfrenta el adolescente en este momento evolutivo. Los padres podemos estar junto a ellos, ofreciéndoles las mejores posibilidades, pero es importante tener muy presente que son ellos los que deciden.

Importancia de los cambios físicos:

Como acabamos de señalar, dentro del periodo de la adolescencia, el menor pasa por un proceso especialmente intenso en el que su cuerpo se enfrenta a bruscos cambios físicos: la pubertad. Estos cambios madurativos, como todos sabemos, no se producen en todos los adolescentes a la misma edad. El lapso de tiempo es amplio y dependerá del ritmo biológico de cada persona. Esta variabilidad provoca que algunas chicas de 12 años tengan un cuerpo de mujer absolutamente definido y otras con 14 aún estén en proceso de desarrollo. Dicho proceso se puede alargar en el caso de los chicos incluso hasta los 15 o 16 años. Mientras que ellas viven un desarrollo precoz como algo violento y perturbador, a ellos les encanta la idea de parecer el más “macho” de la clase o de la pandilla.

Estrenando cuerpo. Algunos de los cambios propios del desarrollo físico que más preocupan a los púberes, suelen ser los siguientes:
· En las chicas, la aparición de su primera menstruación y el desarrollo mamario. Estos son dos aspectos en los que las adolescentes suelen compararse con su grupo de amigas. “¿Seré la última en tener la regla? ¿Tengo menos pecho que mis amigas?, etc.”
· Los chicos también se sienten preocupados por cómo son vistos por los demás: el cambio de voz, la aparición del bello facial, o el aumento de la masa muscular suelen ser motivo de frustración u orgullo al ser comparado con el grupo de iguales. Las poluciones nocturnas, en cambio, no son vividas ni por los adolescentes ni por sus padres con la expectación con que se acoge su versión femenina: la menstruación.

Yo quiero ser (como) tú: El hecho de que todos estos cambios sean tan visibles a los demás y que además sean contemporáneos con el momento de la ruptura del fuerte lazo familiar, provoca que el adolescente viva esta etapa con una gran dosis de inseguridad.

El grupo de iguales le atrae, pero al mismo tiempo echa de menos la sensación de seguridad que le ofrecía su familia. La opinión de sus padres se empieza a relativizar dando prevalencia a la evaluación del grupo. Aparición del acné, dentaduras aprisionadas por los brackets, brazos y piernas de dimensiones desproporcionadas al resto del cuerpo, son algunos trastornos transitorios que suelen acompañar al adolescente en este momento y que facilitan la aparición de una imagen corporal no correspondida con el cuerpo diez que soñaban para sí mismos. Por esta razón, muchos púberes suelen hacer sus ídolos a cantantes, modelos o deportistas con los que identifican su yo ideal.

Son diversas las estrategias que utilizan los adolescentes para intentar compensar esta percepción de inseguridad y, en algunos casos, incluso de infravaloración. Rastas, pelos de colores, piercing, forma de vestir personalizada, pertenecer a tribus urbanas -punkies, skins, heavys- transgredir normas por el simple placer de no ajustarse al resto, etc., son llamadas de atención sobre su persona que ponen de manifiesto su deseo de sentirse mejor.

Evidentemente, cuando uno se siente peor que el resto, intenta ser mejor siendo diferente.



Aspectos psicoafectivos:

La adolescencia es una etapa de cambios, de decir adiós a muchas cosas y prepararse para dar la bienvenida a otras. El adolescente, una vez alcanzada la pubertad, se descubre distinto. Haber desarrollado la función reproductiva y experimentar el estímulo sexual con gran fuerza le separa indefectiblemente del niño que fue y le empuja a “despreciar” todo aquello que suene a infantil. Sabe que no es un niño porque no siente lo que sentía cuando era un niño.

A medida que el menor se va separando de la influencia de sus padres, su necesidad de búsqueda se hace perentoria. Búsqueda de su propio yo, distinto al yo ideado por sus padres, búsqueda de su propio criterio, diferente al criterio establecido por sus progenitores. En definitiva, busca ser lo más disímil posible a lo que antes era.

Los padres asistimos a este desconcierto emocional de la adolescencia con incertidumbre y recelo. El hecho de que nuestros hijos “decidan” romper bruscamente con todo aquello que desde pequeños les hemos inculcado como mejor sabíamos, nos hace sentir metafóricamente como cuando llevábamos toda la tarde haciendo un gran castillo de arena en la playa y de repente sube la marea y una ola se lleva por delante toda nuestra obra.

"Cómo convivir con adolescentes". Guía de la Comunidad de Madrid.