1.Procura encontrarte en buenas condiciones
físicas y psíquicas.
2.Procura estudiar siempre a la misma hora.
Generalmente las horas de mayor rendimiento son de 6 a 9 de la tarde. Si puedes
estudiar por las mañanas hazlo entre las 10 y 13 horas.
3.Utiliza para estudiar los cinco días de la
semana de manera regular. Los viernes te costará, pero piensa que te librará
del trabajo durante el fin de semana.
4.Dedica al estudio entre una hora y media y dos
diariamente. Si durante el fin de semana quieres seguir puedes hacerlo siempre
combinando bien el trabajo: ligero-duro-ligero, con el descanso.
5.Para los primeros cursos de secundaria, diez o
doce horas de estudio semanal, son suficientes. Pero siempre habrá que tener en
cuenta la propia personalidad. A medida que avances en los cursos tendrás que
ir aumentando las horas de estudio.
6.Antes de empezar a estudiar prepara todo el
material que necesites: libros, libretas, apuntes, papel, bolígrafo, lápiz,
diccionario, goma, regla, lápices de colores, etc.
7.Cuando te pongas a estudiar decide la hora de
acabar o el trabajo a realizar y cumple lo que te has propuesto.
8.Empieza por una asignatura o trabajo que te sea
fácil o que te guste. Cuando ya estés concentrado/a, puedes dedicarte a alguna
materia más difícil. Para acabar guarda algún trabajo de poco esfuerzo.
9.Estudiar es un hábito y hasta que no lo tengas
bien asimilado no debes hacer excepciones. Llega un momento que te será tan
familiar como las horas de las comidas.
10.Estudia poco cada día en lugar de estudiar
mucho en pocos días.
Me cuentan la historia de un
grupo de prominentes y exitosos profesionales, que deciden visitar a su antiguo
maestro universitario. En el encuentro, cada uno habla de sus logros
profesionales, de sus metas y sus deseos en la vida, y pronto la conversación
se convierte en quejas acerca del estrés y la ansiedad que les produce la vida,
el trabajo, los compromisos sociales y familiares, etc.
El profesor ofrece a sus
invitados café, por lo cual se dirige a la cocina y regresa con una cafetera
llena de un rico y oloroso café, así como con una variedad de tazas de
porcelana, vidrio, plástico y cristal. Algunas de ellas eran tazas muy finas y
costosas, otras por el contrario, parecían mucho más baratas y sencillas.
Puso las tazas y el café en el
centro de la mesa e invitó a sus alumnos a que se sirvieran por sí mismos, al
cabo de un corto tiempo, todos tenían la taza de café en sus manos.
El profesor dijo a sus alumnos:
- Quiero que presten atención a
las tazas que han quedado en la mesa y a aquellas que tienen en sus manos. ¿Se
dan ustedes cuenta de algo?
Aquellas tazas, más bonitas y
más elegantes, continúa diciendo, son las que ustedes han tomado, y las que
primero se han acabado, las que están en la mesa son aquellas más sencillas y
las más baratas. Lo cual es muy natural, porque siempre queremos lo mejor para
nosotros mismos. Pero éstas son algunas de las causas más comunes del estrés.
La taza no le añadió ni le
quitó calidad al café, no es lo que hace que el café sea mejor, o sepa más
rico. De hecho lo que ustedes querían, era el café y no la taza.
La vida es como el café, y
todas aquellas cosas que tienen que ver con las exigencias que nosotros nos
hacemos a nosotros mismos, la posición social, el estatus, los puestos de
trabajo entre muchas otras cosas, son como la taza de café. Pero en este
camino, muchas veces nos olvidamos de lo esencial: ¡Disfrutar El Café!
Espero que esta metáfora os
sirva en para reflexionar en vuestra vida y recordéis que las personas más
felices no son aquellas que lo tienen todo, o que tienen lo mejor, ¡sino
aquellas que saben disfrutar y aprovechar aquello que tienen!
Para los fumadores que se están
planteando dejar de fumar y para los que no, os presento algunas de las
ventajas para la salud, que se obtienen dejándolo ¡¡ya desde el primer día!!
VENTAJAS
DE DEJAR DE FUMAR:
A
los 20 minutos:
Su tensión arterial se
normalizará.
A
las 8 horas:
Los niveles de nicotina y
monóxido de carbono se reducen a la mitad y el oxígeno a valores normales, lo
que mejora la respiración.
A
las 24 horas:
La nicotina y el monóxido de
carbono se eliminan del cuerpo. Reducción del riesgo de infarto.
A
los 3 días:
Los bronquiolos pulmonares se
relajarán. Usted se sentirá en mejor forma y con más energía.
A
los 15 o 20 días:
Se nota una desaparición de la tos matutina, una mejoría de la capacidad para
hacer ejercicio físico y menor dificultad respiratoria.
Después
de varias semanas:
El ex fumador comienza a notar que olores que antes apenas sí distinguía, y
sabores que antes no detectaba, ahora se le hacen cada día más presentes y le
ayudan a disfrutar y saborear más adecuadamente comidas, perfumes, etc.
A
las cinco o seis semanas:
La mejoría en el sentido del gusto y del olfato son notorias, la piel ha ganado
en suavidad y tersura, y el cansancio físico sólo aparece después de grandes
esfuerzos.
A
los dos meses:
La posibilidad de desarrollar
enfermedades respiratorias disminuye significativamente, y la tos y la
expectoración que hasta ese momento han podido persistir, desaparecen casi por
completo.
Después
de los seis meses:
La posibilidad de padecer
enfermedades respiratorias, cardiovasculares y tumorales comienza a disminuir
de forma progresiva y significativa. No obstante, la posibilidad de desarrollar
estos procesos no se iguala a la de un no fumador hasta pasado un tiempo, que
es diferente según qué tipo de proceso consideremos.
Al
año
El riesgo de enfermedad
cardiovascular se reduce en un 50%.
Por ejemplo, para los procesos
cardiacos es necesario que pasen 5 años, para los procesos respiratorios tienes
que pasar 12 o 14 años, y para los tumorales se hacen necesarios hasta 18 años.
No obstante, no debemos olvidar
que ya desde las primeras semanas sin fumar se observa una reducción
significativa en el padecimiento de estos procesos.
Los
beneficios del libro para los niños son incalculables y para toda la vida.
Llevan al niño a querer leer, a buscar saber, a adentrarse en el mundo del
arte, del dibujo y de la imagen a través de las ilustraciones.
Todos sabemos
que el hábito de la lectura es un gran estímulo a la creatividad, imaginación,
inteligencia y a la capacidad verbal y de concentración de los niños. Por eso,
los libros deberían estar presentes en el día a día de los niños, del mismo
modo que sus juguetes. Éstos nos enriquecen a todos, nos llevan a buscar
aventuras, historias e información diversa.
El
libro es una gran ventana a la formación en todos los sentidos. Podríamos estar
aquí hablando y hablando acerca de los beneficios del libro para los niños,
pero no pararíamos jamás. Lo importante es tener claro que los libros son
importantes, pero el acto de leer, si es posible todos los días, llevará a su
hijo a este rincón tan exquisito que es la aventura del saber, del conocer y
descubrir. Además, si los padres y las madres comparten el momento de lectura
de un libro con los hijos, estarán estableciendo un lazo especial entre ambas
partes. La
lectura ha sufrido las consecuencias de los cambios sociales. Lo que antes solo
llegaba por letra impresa, facilitando el proceso de la imaginación, llega ahora directamente a través de imágenes y no
hace falta imaginar nada, viene todo hecho. Esto, para un niño que está en
proceso de formación, puede resultar un grave inconveniente, ya que el pensamiento
no se ejercita, haciéndose débil, es decir, el razonamiento se hace limitado
por no practicar ir a la esencia de las cosas, y carece también de un
vocabulario amplio y preciso. La
afición a la lectura no se puede imponer como si fuera una especie de
obligación o castigo, sino todo lo contrario, fomentando dicho interés desde
las primeras edades y con el ejemplo paterno desde el principio. La
tarea de enseñar a leer a los hijos implica que tienen que aprender a leer
pensando y comprendiendo, no solo memorizando; leer analizando, para aceptar o
rechazar ideas y así formar su propio criterio; leer preguntando y respondiendo.
Los objetivos que pueden plantearse los
padres en relación con la lectura son fundamentalmente los siguientes:
• Que
los hijos desarrollen la afición y el hábito de lectura.
• Que
las lecturas de los hijos se seleccionen con buen criterio:
- De
acuerdo con los intereses de cada edad.
- De
acuerdo con valores científicos, literarios y los de la familia.
• Que
las lecturas contribuyan a la formación intelectual y cultura de los hijos (sin reducirlas a “pasatiempos” o lecturas de evasión).
• Que
los hijos aprendan a leer (insistimos, lectura comprensiva y crítica) y mejoren
su nivel lector con el tiempo.
• Que
las lecturas sean un factor de cultura familiar.
Hay
varias maneras, que se complementan entre sí, para fomentar en los hijos el
gusto y afición por la lectura:
–
Conseguir que los libros sean algo normal en el ambiente familiar: que en casa
existan libros, que se adquieran periódicamente, que la llegada de un libro a
casa se comente en la familia.
– Que
los hijos vean leer libros, el diario y revistas interesantes a sus padres.
– Poner
a los hijos en contacto con los libros cuanto antes mejor.
–
Lecturas conjuntas entre padres e hijos seguidas de comentarios.
–
Controlar el uso de la televisión, ya que actualmente es el mayor obstáculo
para la lectura.
Un lector no nace, se hace:
El
interés por la lectura se debe inculcar a un bebé desde la cuna y tratar, con
persistencia y dedicación, que se convierta en un hábito. Es fundamental para
los niños que aprendan a buscar conocimientos mediante la lectura desde la más
temprana edad. Los niños deben oír historias lo antes posible. Se recomienda
además que lo hagan con disciplina, es decir, teniendo preconcebida una hora al
día para hacerlo. Podría ser a la hora de dormir, o después de comer, y lejos
de cualquier distracción.
No es
necesario esperar a que un niño lea para que él pueda tener contactos con los
libros. Hay libros para todas las edades. Libros sólo con imágenes, para que
los padres vayan indicando el nombre de cada imagen y haciendo que el bebé lo repita, hay libros con vocabularios,
es decir, que además de la imagen lleva también el nombre debajo de la misma,
para que el bebé vaya visualizando las letras y las palabras. Y los libros con
texto e ilustraciones para los niños que ya saben leer.
Podemos definir la rabieta como
una respuesta de rabia ante una situación de insatisfacción. No es una conducta
aprendida sino natural, si bien puede desencadenar conductas asociadas que si
serán aprendidas.
-A los doce meses aproximadamente se inician de
manera esporádica y poco intensa.
-Entre los 2 y 3 años se presentan
frecuentemente, incluso hay niños que manifiestan una diaria, y son muy
intensas.
-Entre los 3 y 4 años, disminuye la frecuencia y
la intensidad, aunque algunas veces pueden presentarse con gran intensidad como
en la etapa anterior.
-A partir de los 5 años son poco frecuentes,
porque deben emplear otros recursos para mostrar sus enfados.
La mayoría de los padres y
madres en algún momento tienen que aguantar las rabietas de sus hijos/as. Se
trata de un signo de independencia del niño y es bastante normal, aunque ello
no significa que sea fácil de resistir y especialmente en público. Las rabietas siempre suelen
tener un motivo. En algún momento se daría cuenta de que su comportamiento daba
resultados, pero lo que debe aprender es que se trata de una conducta
inadecuada:
·Que no conduce a nada.
·Que no le ayuda en su frustración.
·Que no le libra de una obligación.
·Que no modifica nuestra manera de pensar con
respecto a algo.
El objetivo principal en la
mayoría de los casos es llamar la atención y esto lo consigue, no sólo al
darles lo que buscan, sino también cuando le regañamos, le miramos y le
hablamos intentando razonar con ellos o ellas. Por eso, la forma más rápida de
liberarse de este comportamiento es ignorar al niño o niña, puesto que no hay
forma de razonar en medio de un arranque emocional. Si se le ignora mientras
está en un lugar seguro se le enseñará que las rabietas no son eficaces y aprenderá
a utilizarlas con menos frecuencia.
“La
Rabieta Aprendida”.
Aparecen más tarde que las
rabietas evolutivas, suelen aprenderse entre los dos años y medio y tres años. Se trata de conductas que
implican: Llorar furiosamente, golpearse, tirar cosas, intentar apoderarse de
lo que no le dejan, quejas, gruñidos, mirar despectivamente, etc.
Consejos
para evitar las rabietas aprendidas:
·Si vas a ceder y lo sabes, no esperes a que
surja la rabieta.
·No le chinches antes de que tenga cuatro años
como broma para que se enfade, porque estás estimulando las rabietas.
·No le atiendas SÓLO cuando se enfada.
·No queráis resarciros de vuestra posible
culpabilidad comprándole aquello que pedía o dándole lo que quería si ya ha
dejado de hacerlo.
Pautas
a realizar frente a las rabietas:
üApartarse,
hacer otra cosa mientras dure la rabieta.
üNo
debemos mirar al niño o niña ya que prolongará la rabieta. Se puede esperar
unos minutos y decirle “cuando acabes de llorar nos iremos a…”.
üAl
terminar la rabieta hay que recibirle como si no hubiera pasado nada y sin
mencionar el incidente.
üSi la
pataleta se prolonga y nos sentimos necesitados de ceder a su demanda porque no
se aguanta más, debemos explicarle que estamos cansados de oírle, llevarle a
otra habitación y sentarle en un sitio donde él o ella no pueda vernos pero
nosotros sí. Allí debe estar hasta que termine.
üLos
niños/as saben cuándo realizar las rabietas y cuál es el momento más probable
para que el padre y la madre cedamos; puede ser cuando hay gente delante o la
madre y el padre estemos cansados.
ü¡Ojo!
Una rabieta cuando los niños y niñas van creciendo no es algo normal, y es
consecuencia de que de pequeño obtuvo todo lo que quiso de esta forma. Por lo
tanto, los padres y madres tenemos a cargo la tarea de enseñar a nuestros hijos
que una rabieta no le conduce a obtener cosas positivas, sino que es algo
completamente inadecuado ante lo que nadie va a ceder.
La enfermedad de Alzheimer es una
enfermedad degenerativa de ciertas células cerebrales, las neuronas, en
particular las que utilizan como neurotransmisor la acetilcolina.
Las lesiones en el cerebro empiezan por
el hipocampo y las amígdalas (gestionan la memoria y los afectos); lo que
explica los olvidos y los cambios de carácter y personalidad que sufren las
personas en el comienzo de la enfermedad. Más tarde, se extiende también a
otras zonas de la corteza cerebral.
A medida que van muriendo las neuronas,
las funciones cerebrales desaparecen paulatinamente. Por ello, el enfermo
pierde poco a poco sus capacidades para mantener las actividades instrumentales
(conducir, usar el teléfono, utilizar el transporte público...), las actividades
sociales (ir a visitar a amigos o familiares, ir a comprar, establecer nuevas
relaciones...), y las actividades de la vida diaria (ir al retrete, asearse,
comer, vestirse...).
La desaparición progresiva de la
autonomía conduce a una dependencia cada día más estrecha del enfermo hacia su
cuidador principal.
Es importante tener en cuenta estas
concepciones de la enfermedad de Alzheimer:
No es una consecuencia del
envejecimiento, se trata de una verdadera enfermedad.
No tiene nada que ver con la “locura”,
sino que es una enfermedad del cerebro.
La persona que la sufre tiene el
estatuto de “enfermo” y por tanto todos los derechos reconocidos por la ley a
las personas enfermas.
Aún no se conocen las causas concretas
de la enfermedad y no existe tratamiento para prevenirla o curarla.
Fases
o grados de la enfermedad:
Se estima que un enfermo de Alzheimer,
tiene un promedio de 10 a 12 años de vida después del diagnóstico. Se han
descrito tres grados, que sirven sobre todo para definir el estado del enfermo
en el marco de la evolución de la enfermedad, para seleccionar los medicamentos
y para evaluar la pérdida de autonomía (Ley de Dependencia).
Los problemas de memoria son una de las
primeras señales de la enfermedad y algunas personas pueden tener “Deterioro
Cognitivo Leve” (DCL o MCI). Las personas con este deterioro tienen más
problemas de los que normalmente tienen las personas de su misma edad, pero sus
síntomas no son tan severos como los de aquellas personas que están avanzadas
en la enfermedad.
Enfermedad
de Alzheimer Leve: La
pérdida de memoria continúa y surgen cambios en otras capacidades
cognitivas. Las personas frecuentemente son diagnosticadas durante esta
etapa. Los problemas pueden incluir: perderse, dificultad para manejar el
dinero, repetir las preguntas, más tiempo para las actividades diarias,
pequeños cambios en el estado de ánimo y en la personalidad.
Enfermedad
de Alzheimer Moderada:
El daño ocurre ya en las áreas del cerebro que controlan el lenguaje, el
razonamiento, el procesamiento sensorial y el pensamiento consciente. La
pérdida de la memoria y la confusión aumentan, comienzan a tener problemas
para reconocer a sus familiares. Tal vez, no puedan aprender cosas nuevas
ya, llevar a cabo tareas que incluyen varios pasos, y es posible que
tengan alucinaciones, delirios y paranoia o se comporten impulsivamente.
Enfermedad
de Alzheimer Severa:
En la última etapa de la enfermedad, las placas y ovillos se han extendido
por todo el cerebro y los tejidos del cerebro se han encogido considerablemente.
No pueden comunicarse y dependen completamente de otros para su cuidado.
La persona quizás pasa la mayor parte del tiempo en cama ya, en la medida
que su cuerpo va dejando de funcionar.
Diagnóstico:
La
enfermedad de Alzheimer únicamente se puede diagnosticar de manera definitiva
después de la muerte de la persona. Pero los médicos tienen métodos y
herramientas que les ayudan a determinar con bastante precisión si una persona
está teniendo problemas de la memoria “posiblemente tiene Alzheimer” (demencia
puede ser debida a otra causa) o “probablemente tiene Alzheimer” (no se
encuentra otra causa).
Tratamiento:
A pesar
de que hasta el presente, no hay una cura disponible para la enfermedad de
Alzheimer, una adecuada planificación médica y social pueden aliviar la carga
para el paciente y su familia. Las medicinas apropiadas pueden disminuir la
agitación, la ansiedad y el comportamiento impredecible, así como mejorar la
regularidad del sueño y tratar la depresión. El ejercicio físico y las actividades
sociales son importantes como también lo son la adecuada nutrición y el
mantenimiento general de la salud. Un medio ambiente sereno y bien estructurado
pueden ayudar a la persona afectada a conservar en lo posible el más alto nivel
de comodidad.
Estimulación Cognitiva:
Actualmente
ha cambiado la forma de abordar las demencias, y además del tratamiento farmacológico
se empieza a tener en cuenta otro tipo de terapias que van a contribuir junto
con los fármacos a enlentecer el curso de la enfermedad. Entre esas terapias se
encuentra la estimulación cognitiva. La estimulación cognitiva se basa en el
concepto de plasticidad cerebral, que es la capacidad que tiene el cerebro de
recuperarse después de un daño a través de cambios tanto estructurales como
funcionales.
Antes
de comenzar el tratamiento en Estimulación Cognitiva es imprescindible conocer el
estado de todas las funciones cognitivas, cuales están conservadas y cuales
alteradas. Para ello se realizará la Evaluación Neuropsicológica, consistente
en una serie de pruebas que van a ir midiendo todas las capacidades del sujeto
para después ser comparadas con puntuaciones normales para su edad y
escolaridad, y determinar así el grado de deterioro. Además, es necesario
conocer otros datos, como escolaridad, profesión, hobbies, presencia o no de
problemas de conducta, déficits físicos (visuales, auditivos, motores,…),
diagnóstico y fase de la enfermedad en la que se encuentra; además del funcionamiento
del paciente en las actividades de la vida diaria tanto instrumentales (hacer
la compra, la comida, manejo del dinero, manejo de la correspondencia,…) como básicas
(aseo, vestido, alimentación,…). Una vez
que conocemos todas estas áreas procederemos a plantear objetivos y planificar
el tratamiento. Va a ser importante tanto la evaluación inicial como una evaluación
de seguimiento (cada 6 o 9 meses) para valorar el deterioro y posibles modificaciones
del tratamiento. Vamos a utilizar una serie de actividades que trabajen funciones
cognitivas concretas a través de diversos formatos y canales sensoriales.
La
estimulación cognitiva debe cumplir 3 principios básicos. En primer lugar la constancia;
no es efectiva si no se realiza de forma continua. En segundo lugar, la flexibilidad;
debe de adaptarse a las distintas fases de la enfermedad. Y en tercer lugar, la
personalización, ya que no existe un patrón estable de evolución en todos los pacientes,
el tratamiento debe adaptarse a las características de cada uno.