jueves, 23 de mayo de 2013

CONSEJOS PARA MEJORAR EN LOS EXÁMENES


Nos adentramos en las últimas semanas de colegio/instituto antes de las vacaciones de verano, y con ellas llegan los últimos exámenes del curso.
Los exámenes suelen ser la angustia de muchos alumnos, desde los más pequeños a los mayores, pero también de los padres. Sin embargo, hoy por hoy son necesarios para demostrar que se saben los conocimientos a evaluar. Hay que inculcar a nuestros hijos que los exámenes son necesarios para demostrar lo que uno sabe, nos guste o no.
 Una forma de afrontar de una mejor manera los exámenes, es que se practiquen previamente los diferentes tipos de exámenes:

1.       Exámenes de Redacción: En ellos hay que desarrollar las ideas clave en forma extensa, a partir de un esquema. Es bueno practicar este tipo de exámenes, dejando claro que hay que exponer primero las ideas básicas al inicio del examen y, según el tiempo que quede, añadir otras en orden de importancia.

2.      Preguntas breves: En este tipo de cuestiones hay que ser claro y escueto. Lo importante es dar una respuesta exacta y siempre, leer con calma las preguntas.

3.      Exámenes tipo test: Cuando en este tipo de controles se descuenta puntos al equivocarse, hay que contestar sólo a lo que uno sepa, leyendo detenidamente los enunciados. No te pares y deja lo que no sepas para el final. Si has de arriesgarte, elimina las respuestas más improbables y quédate con la que parece mejor. En el caso de que no descuenten los errores, contesta a todo.

4.      Problemas de cálculo en los exámenes: Practica previamente repitiendo los ejercicios hechos en clase y memorizando las fórmulas. En el momento del examen, calcula cuanto puntúa cada problema y haz primero los que mejor sabes o más seguro estás. Desarrolla el ejercicio con claridad, y acostúmbrate a acompañar las operaciones con la explicación del proceso que sigues.

Practica estos tipos de exámenes en casa todo lo que puedas.
 A continuación os presento algunas sugerencias para que los padres puedan ayudar a sus hijos para conseguir mejorar el rendimiento en los estudios:

·         Habla con tu hijo/a sobre la importancia de ir al examen sabiendo perfectamente el temario, así como el tipo de examen que pondrá el profesor.

·         Anima a tu hijo/a a repasar los exámenes anteriores ya realizados.

·         Ayúdale a plantear y responder cuestiones prácticas.

·         Insiste en la importancia del estudio diario y del repaso regular en lugar del “atracón” de estudio de la víspera del examen.

·         Es muy importante insistir en que desarrollen el método de primero comprender y después memorizar.

·         Ayuda a tus hijos enseñándoles algunas claves para mejorar en los exámenes:

1.       Relájate antes del examen: Antes de entrar y antes de empezar. Si uno va bien preparado se mantendrá tranquilo durante del examen.

2.      Leer el examen completo, si es posible, antes de empezar a contestar para tener una idea general de él.

3.      Es bueno saber cómo valora el profesor y tratar de responder como él desea.

4.      Responder primero las preguntas que mejor se sabe.

5.      Leer atentamente y comprender bien la pregunta antes de responder.

6.      Señalar las preguntas dudosas y seguir adelante, si sobra tiempo se contestarán.

7.      Tratar de replantear las preguntas difíciles con otras palabras, quizás se entiendan así.

8.     En preguntas que requieran una respuesta extensa, es bueno hacerse un esquema antes.

9.      Repasar las respuestas, si hay tiempo, antes de entregar el examen.

10.  Presentar el examen lo más ordenado, claro y limpio posible. No hay que escatimar esfuerzos en hacer comprender a nuestros hijos, lo importante que es la presentación de un examen. Esto lo deberán aplicar a todo aquello que forme parte de su vida. No permitas que tu hijo, como estudiante, sea un alumno “descuidado”.

Si se estudia de una forma adecuada, constante y se comprenden bien las materias, probablemente el alumno no tendrá ningún problema a la hora de realizar el examen.

martes, 21 de mayo de 2013

DEPRESIÓN: ¿POR QUÉ ESPERAR A SENTIRNOS BIEN PARA ACTUAR?

Hay situaciones en la vida como enfermedades, pérdidas de seres queridos, problemas en el trabajo, problemas familiares, o situaciones de estrés continuado, que hacen que en un determinado momento de nuestras vidas sintamos una gran pena y tristeza, y estemos decaídos. Este sentimiento es algo totalmente normal e incluso adaptativo para el ser humano, ya que estas señales de alerta hacen que obtengamos el apoyo necesario en esos momentos.

El problema comienza cuando la tristeza nos enreda y se prolonga en el tiempo. Durante ese tiempo, las personas que se encuentran con una depresión, han dejado de hacer cosas que hacían antes y por las que se sentían bien. Junto a lo que dejan de lado en su vida, se encuentran muchas personas a las que apartan poco a poco, todo ello debido a querer esperar a “estar bien” para volver a hacer todas esas cosas que hacían antes. Este hecho es una trampa en la que la depresión nos hace caer, ya que nos volvemos pasivos, haciendo que sea realmente difícil que salgamos de esta situación, si no ejercemos un papel activo y dejamos de lado el pensamiento de “esperar a estar bien”.

A continuación, os presento un ejemplo de un caso de una persona con problemas del estado de ánimo, con él que podréis comprender mejor este hecho:

A Conchita, que lleva una temporada mal, triste y abrumada por sus problemas, le llama una amiga proponiéndole ir al cine, como tantas veces. Esta es la respuesta de Conchita: “mira es que me encuentro fatal, no puedo salir porque no estoy con ánimo, hasta que no me encuentre bien no cuentes conmigo. Me tendría que arreglar y eso me resulta imposible con el ánimo que tengo. No disfrutaré de la película y tendré que contar como estoy. No, decididamente, no puedo”.

¿Qué os parece esta situación? ¿Podemos hacer cosas a pesar de que no nos apetezca mucho? ¿Creéis que la causa directa de que Conchita no salga es que está con bajo estado de ánimo?

Hay personas que aunque tienen bajo estado de ánimo deciden salir. Y es ahí, cuando posiblemente esa persona comience a sentirse mejor.
Es cierto que no resulta fácil hacer cosas cuándo no tenemos ganas de hacerlas, pero tenemos que ser conscientes de la situación en la que nos encontramos y hacernos una pregunta, ¿realmente quiero solucionarlo o quiero ser parte del problema? Si decides lo primero, te invito a que realices algo muy útil: “Actúa como si estuvieras bien”. Se trata de que en tu vida actúes como si fueras un actor, alguien que a pesar de sentirse mal, sale a escena y realiza un papel en el que interpreta situaciones que no le apetecen y sin embargo, ríe a carcajadas y se muestra como si estuviera bien.
Espero que os sirva, y recordéis esto: ¡No esperes a estar bien para hacer cosas, haz cosas para estar bien!

jueves, 16 de mayo de 2013

¿CÓMO AFECTA LA CRISIS Y EL DESEMPLEO A NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO?


El propio Parlamento Europeo ha reconocido el carácter alarmante de los efectos psicológicos y sociales del desempleo.  Los estudios realizados en nuestro país ponen más atención en los aspectos económicos y sociopolíticos que en las consecuencias psicológicas, las cuales podrían explicar la raíz de algunos trastornos y pautas de conducta no deseables.
La situación de paro laboral lleva en muchos casos a una serie de desarreglos provocados por la pérdida de autoestima y la desvalorización del estatus social. El aumento de las manifestaciones depresivas, los sentimientos de inseguridad y de fracaso, el aislamiento social, el deterioro de las relaciones familiares y el descenso de la salud mental en general, se asocial frecuentemente con las consecuencias del desempleo.
Obtener un empleo es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y desde entonces continuamente reforzada a través de las influencias de la escuela, la familia y los medios de comunicación. Cuando el individuo logra insertarse en el mundo laboral, accede a un nuevo estatus y a una nueva identidad social. El desempleo interrumpe este proceso con lo que va a generar una nueva experiencia de derrota y fracaso.
Para la persona, el desempleo no sólo significa no disponer de recursos económicos o de un trabajo remunerado, sino que significa también y principalmente, que la persona ha perdido su trabajo, algo que puede provocar trastornos afectivos o psico-fisiológicos.

Consecuencias psicológicas del desempleo:


Algunas de las consecuencias del paro son la pérdida de autoestima, sentimientos de inseguridad y de fracaso, experiencia de degradación social, vergüenza o sentimientos de culpa, generando un cambio en el autoconcepto de la persona.
El desempleo afecta también a las relaciones sociales. Conlleva una desvalorización ante los otros, que en algunos casos llegan a excluirle de determinadas actividades sociales, o bien es la propia persona la que se excluye por sentimientos de vergüenza, o en otros casos debido a la falta de recursos económicos.

Las consecuencias psicológicas también varían según los grupos de edad en los que se produce este desempleo:
En los jóvenes, la situación de paro supone una prolongación de dependencia de los padres. En un primer momento, suelen responder con agresividad, al ser rechazados en su demanda de trabajo. Pasada una fase de rebelión, el desempleo conduce a una marginalización hacia vías alternativas de socialización no deseadas como puede ser la delincuencia. En muchos casos, el desempleo es vivido como una experiencia de fracaso que acarrea un retraimiento marcado por la depresión, una disminución en las relaciones sociales y pasividad. Se encuentran encerrados en su casa con su familia, viendo la televisión o escuchando música, faltos de objetivos y con un sentimiento de vergüenza ante su propia familia, especialmente cuando ésta ha realizado grandes sacrificios para prepararles profesionalmente. En algunos estudios se ha constatado como la frustración y el pesimismo iniciales, se transformaban después de un tiempo en resignación y apatía, que quedaban indicadas en la falta de esperanza en el futuro y en el abandono de la búsqueda de un puesto de trabajo después de repetidos fracasos.

En los adultos, por lo general se habla de que pasan por distintas fases psicológicas tras la pérdida de empleo. Al principio, se produce una primera reacción de “shock”, con sentimientos de confusión, fracaso e incapacidad de hacer planes para el futuro; todo ello dura alrededor de una semana. Después, le sigue una fase de recuperación ligera, con un optimismo irreal, donde la persona se siente como “de vacaciones”, ya que aún no se considera del todo como desempleado, y lo ve como algo de carácter temporal, y aprovechan para realizar actividades en sus viviendas, etc.  Tras esta etapa, llega otro momento en el que la persona no puede seguir más tiempo viendo su situación así y comienza a realizar gestiones de búsqueda activa de empleo, que suelen ir acompañadas de las consiguientes experiencias de fracaso. Si en esta situación, todos los esfuerzos fracasan, el individuo pasa a sentirse pesimista y ansioso, y pueden aparecer trastornos psicofisiológicos. Esta fase puede durar varios meses, dependiendo de muchos factores, así como del apoyo social y la capacidad de afrontamiento de la persona. Si tras esta fase la persona no ha conseguido un empleo, llega a una última fase en la que llega a ser fatalista, viviendo el paro como un fracaso personal que le conduce al aislamiento. La depresión que resulta de este proceso se ve en ciertos momentos en ideas suicidas o en abuso de sustancias y drogas, como alcohol y tabaco.
Esta grave situación se une a muchas otras del día a día, que hacen que nos encontremos ante un estado  de desesperanza y lo transmitamos también a aquellos a los  que no les toca vivir esta tristeza, los niños.
Por ellos, pero sobre todo por nosotros mismos, debemos intentar ser optimistas y valorar las pequeñas cosas que cada día pasan por nuestra vida y quizá no les damos la importancia que se merecen.  Tenemos la capacidad como seres humanos de adaptarnos a los cambios, a las situaciones críticas que llegan a nuestra vida, por lo que tenemos que ver este momento como una posibilidad de cambio y éxito personal, dónde cada uno de nosotros podamos resurgir con más fuerza en nuestra vida. Debemos transmitir optimismo, y aprovechar este momento para inculcar a nuestros pequeños que no toda la felicidad se encuentra en la riqueza material, sino que existen otros valores que son los que de verdad nos hacen ser ricos y felices.

“El impacto psicológico del desempleo”. José Buendía.

viernes, 3 de mayo de 2013

LA IMPORTANCIA DE LA COMUNICACIÓN CON FAMILIARES CON ALGUNA DEMENCIA

La comunicación es el puente que siempre debe permanecer entre el cuidador y el familiar con demencia. De esta forma, el enfermo puede permanecer conectado consigo mismo y con el mundo que le rodea. Los cuidadores que han logrado mantener una buena relación con un familiar que padece esta enfermedad utilizan consistentemente diferentes estrategias.


Problemas en la comunicación con personas con demencia:


Ø  Tienen dificultad para expresarse y para comprender.

Ø  Olvidan rápidamente lo que se les dice.

Ø  Repiten lo mismo una y otra vez.

Ø  Cuentan historias que no tienen lógica.

Ø  Pueden no recordar los nombres de los familiares ni saber quiénes son éstos.

Ø  Pueden describir un objeto, pero no saber su nombre.

Piense que los problemas de su familiar se deben a la enfermedad y no a que voluntariamente quiera irritarle a usted o “sacarle de quicio”.

1.       Capte su atención y proporciónele seguridad (sonríale, tómele del brazo o dele un abrazo).

2.      Llame a su familiar por su nombre, situándose frente a él y hablando despacio.

3.      Elija temas agradables de conversación, háblele sobre aquello que a él o ella le gusta y le es agradable. Hechos y acontecimientos del pasado que hayan sido de interés para su familiar pueden ser temas adecuados, ya que le gustará hablar de ellos.

4.      Utilice un trato apropiado. Háblele como a un adulto, no como si se tratara de un niño. Esto significa evitar las palabras, frases y el tono de voz que empleamos con los bebés y los niños. También, significa evitar la tendencia a utilizar la palabra “nosotros”, como cuando por ejemplo, se dice “parece que hoy tenemos buen aspecto”. A menos, que se quiera realmente decir “nosotros”, no es conveniente utilizarlo, siendo preferible utilizar frases como “tienes buen aspecto”, que significaría lo mismo pero expresado de una manera adulta.

5.      Es preferible que le diga a su familiar lo que debe hacer y no lo que no debe hacer. De esta manera hará más fácil que le entienda. Así, es preferible decirle “quédate en el salón”, que “no te muevas del salón”.

6.      Haga preguntas sencillas. Evite realizar preguntas cuando la enfermedad se encuentre en un estado avanzado. Pero si lo hace, limite las alternativas de respuesta. Algunos ejemplos de preguntas adecuadas son: “¿quieres una manzana? (a la vez que se le muestra); “¿te gustaría dar un paseo?” (pregunta con respuesta sí/no). Evite preguntas más complejas, ante las que son posibles diversas respuestas. Por ejemplo, “¿qué quieres comer?”, ya que tiene tantas posibles respuestas que puede dificultar que su familiar responda.

7.      Simplifique lo que quiere decir. Utilice palabras familiares y conocidas. Evite largas parrafadas que contribuirían a una mayor confusión de su familiar. Una información sencilla y breve ayudará a que se sienta orientado y seguro.

8.     Escúchele pacientemente pensando que va a comprenderle. Aunque, en ocasiones, no le pueda entender pese al empeño que pone, otras veces podrá entenderle.

9.      Mantenga la calma. Intente sonreír y mostrar sentido del humor. Una respuesta de impaciencia o agresividad, sólo lleva a provocar un conflicto. En situaciones donde la persona mayor parezca preocupada y tensa, el cuidador debe responder con tranquilidad. Es preferible utilizar diferentes palabras y frases, pensando qué es lo que puede querer su familiar o cogerle suavemente de las manos para tranquilizarle.

10.  No intente razonar ni aplicar la lógica con su familiar. A veces, la persona que padece demencia vive en su propio mundo, siguiendo su propia lógica y realizando acciones de difícil comprensión para las personas que no sufren tal enfermedad (por ejemplo, ponerse la ropa interior sobre la exterior). A veces puede ser conveniente seguir la realidad que vive el enfermo aunque realice actos que no sean lógicos para los demás. Mientras su actividad no sea peligrosa para él o para los demás miembros de la familia, deje que la continúe aunque no sea del todo lógica ni comprensible para usted. Esto transmite seguridad a su familiar.

11.   Elimine la utilización de la expresión “¿no recuerdas?”. El enfermo de Alzheimer va perdiendo la memoria con el tiempo. Por esta razón habrá cosas que no pueda recordar y se sentirá frustrado. Sea comprensivo en estos momentos. Preguntarle si recuerda algo le pone en un aprieto. Es necesario vigilar y evitar las expresiones que examinen la capacidad de memoria de su familiar. Así, utilizar expresiones tales como ¿cuándo hiciste…?, o ¿cuánto tiempo hace que…?, pueden causarle frustración. Por ejemplo, es preferible decir “aquí está tu prima Carmen”, en lugar de “¿no recuerdas a tu prima Carmen?”.

12.  Dele la oportunidad de responder. Lo que parece un silencio largo e inútil para usted, puede significar que su familiar está concentrándose, comprendiendo lo que acaba de decirle y buscando una respuesta. Si no responde en 1 o 2 minutos, repita usted su pregunta o comentario exactamente de la misma manera o comentario exactamente de la misma manera en que lo hizo anteriormente, empleando las mismas palabras, ya que así le facilitará que lo acabe de entender.

13.  Ayúdele a comunicarse a través de la lectura. Una de las actividades de más interés y que más amena puede resultar para su familiar si padece esta enfermedad es la lectura. Leerle durante un rato un pequeño texto es también una forma de comunicación.
 

RECUERDE:


v  Una comunicación eficaz ayuda a un mejor entendimiento entre la persona mayor y el familiar que le cuida, evitando problemas de relación derivados de información mal expresadas o mal entendidas.

v  Usted puede comunicarse mejor con la persona a la que le cuida si la tiene en cuenta, poniéndose en su lugar, dándole el tiempo necesario para que responda y prestando atención a lo que le dice.

v  Si tiene que decir a su familiar algo importante elija el momento y lugar adecuado.
"Cuando las personas mayores necesitan ayuda. Guía para cuidadores y familiares".