
¿Todas
las plantas están igual de cuidadas? ¿Cuáles están más mustias y necesitan más
nuestras atenciones?
¿El
número de plantas de nuestro jardín es el adecuado? Si tenemos demasiadas
plantas quizá será imposible dedicarles el tiempo que necesitan, y si
disponemos de pocas, y por inclemencias del tiempo se marchitan algunas, nos
quedaremos con un jardín muy pobre.
Además
de plantas, en nuestro jardín también se encuentran algunas semillas que
nosotros mismos hemos plantado. Son nuestros objetivos. ¿Por qué hemos elegido
estas semillas y no otras? Probablemente se deba a que queremos tener un jardín
como el del vecino, quizá porque nos lo han sugerido con demasiado énfasis las
personas que nos rodean, o tal vez porque realmente nosotros deseamos las
plantas que brotarán de ellas. ¿Cuál es nuestro caso?
El
crecimiento de las plantas requiere su tiempo. Muchos jardineros se
impacientan, empiezan a plantar más semillas para comprobar si, al contrario de
las ya sembradas, de ellas brotan plantas con más rapidez. Sin embargo, las
semillas recién plantadas, como todas, requieren su tiempo para convertirse en
plantas frondosas. Con su estrategia, fruto de la impaciencia, acaban con un
jardín donde han sembrado muchas semillas, pero de las que no han obtenido
ninguna planta porque no las han cuidado con paciencia. ¿Somos jardineros
pacientes?
Muchos
jardineros, cuando plantan una semilla se imaginan todos los detalles de la
planta que crecerá. Y cuando observan que la forma o el color de las flores o
el número de hojas no son exactamente como habían previsto, empiezan a creer
que han escogido la planta equivocada o que quizá no hayan realizado de forma
correcta su labor. Otros, en cambio, observan sus plantas y aprecian y
disfrutan de esas pequeñas sorpresas de la naturaleza. ¿Nos desespera lo que no
se ajusta a nuestras expectativas? En nuestro jardín también habitan malas hierbas. Éstas simbolizan nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestras dudas, nuestros complejos… Hay jardineros que se dedican todo el tiempo a intentar arrancar malas hierbas y descuidan el resto de sus plantas. Cuanto más se dedican a arrancarlas, peor está el resto de sus plantas. Todos los jardines tienen malas hierbas. Si no fuera así, sería tan artificial que lo veríamos irreal.
¿Dedicamos
más tiempo obsesionados con las malas hierbas o a regar nuestras plantas?”.
Wilson
y Luciano.
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