lunes, 18 de marzo de 2013

CONSEJOS PARA PADRES CON HIJ@S ADOLESCENTES I


Características de la ADOLESCENCIA

La adolescencia, del latín adolescere (crecer, desarrollarse), no es sólo una fase en el desarrollo psíquico del individuo hacia una supuesta madurez, sino también una transformación en algo nuevo. Nunca desaparece la infancia, así como nunca se accede a una madurez absoluta.

La adolescencia, como etapa de transición, se caracteriza por una serie de cambios físicos, psíquicos y sociales, vividos de una forma tan significativa que incluso algunos autores no han dudado en hablar de la adolescencia como un periodo diferenciado del ciclo vital humano. Por esta razón, resulta de vital trascendencia, a la hora de conocer las características más determinantes del adolescente, empezar por definir el periodo temporal en el que se encuadra:

El intervalo temporal en el que transcurre la adolescencia comenzaría a los 11-12 años y se extendería hasta los 18-20. Antes de esta edad de comienzo, hablamos depre-adolescencia en torno a los 9-10 años y después de los 20 años estaríamos refiriéndonos a la post-adolescencia (20-22 años) y a la edad adulta a partir de los 22 años.

Asimismo, dentro del periodo de la adolescencia, encontraríamos tres subdivisiones:

o Pubertad: cambios físicos y temperamentales (11-12 años).

o Adolescencia media: aislamiento/importancia del grupo (13-15años).

o Adolescencia tardía: inicio del final (15-18 años).

Sabemos entonces que la adolescencia conlleva una elaboración nueva del esquema corporal: se pasa de un cuerpo infantil a uno adulto y esto provoca gran inquietud en el adolescente ante la duda de cómo lo verán los demás. Se va formando la identidad personal, se requiere marcar diferencia con los adultos (ropa, lenguaje, etc.) y se produce una rebelión ante las normas. Más adelante veremos cómo podemos abordar dicha rebelión. Asimismo, se producen cambios con las personas adultas y, en especial, con los padres.

En definitiva, buscar la propia identidad, establecer un sistema de valores propio, satisfacer la necesidad de pertenecer, conformar la necesidad de independencia, etc., son algunas de las “tareas” con las que se enfrenta el adolescente en este momento evolutivo. Los padres podemos estar junto a ellos, ofreciéndoles las mejores posibilidades, pero es importante tener muy presente que son ellos los que deciden.

Importancia de los cambios físicos:

Como acabamos de señalar, dentro del periodo de la adolescencia, el menor pasa por un proceso especialmente intenso en el que su cuerpo se enfrenta a bruscos cambios físicos: la pubertad. Estos cambios madurativos, como todos sabemos, no se producen en todos los adolescentes a la misma edad. El lapso de tiempo es amplio y dependerá del ritmo biológico de cada persona. Esta variabilidad provoca que algunas chicas de 12 años tengan un cuerpo de mujer absolutamente definido y otras con 14 aún estén en proceso de desarrollo. Dicho proceso se puede alargar en el caso de los chicos incluso hasta los 15 o 16 años. Mientras que ellas viven un desarrollo precoz como algo violento y perturbador, a ellos les encanta la idea de parecer el más “macho” de la clase o de la pandilla.

Estrenando cuerpo. Algunos de los cambios propios del desarrollo físico que más preocupan a los púberes, suelen ser los siguientes:
· En las chicas, la aparición de su primera menstruación y el desarrollo mamario. Estos son dos aspectos en los que las adolescentes suelen compararse con su grupo de amigas. “¿Seré la última en tener la regla? ¿Tengo menos pecho que mis amigas?, etc.”
· Los chicos también se sienten preocupados por cómo son vistos por los demás: el cambio de voz, la aparición del bello facial, o el aumento de la masa muscular suelen ser motivo de frustración u orgullo al ser comparado con el grupo de iguales. Las poluciones nocturnas, en cambio, no son vividas ni por los adolescentes ni por sus padres con la expectación con que se acoge su versión femenina: la menstruación.

Yo quiero ser (como) tú: El hecho de que todos estos cambios sean tan visibles a los demás y que además sean contemporáneos con el momento de la ruptura del fuerte lazo familiar, provoca que el adolescente viva esta etapa con una gran dosis de inseguridad.

El grupo de iguales le atrae, pero al mismo tiempo echa de menos la sensación de seguridad que le ofrecía su familia. La opinión de sus padres se empieza a relativizar dando prevalencia a la evaluación del grupo. Aparición del acné, dentaduras aprisionadas por los brackets, brazos y piernas de dimensiones desproporcionadas al resto del cuerpo, son algunos trastornos transitorios que suelen acompañar al adolescente en este momento y que facilitan la aparición de una imagen corporal no correspondida con el cuerpo diez que soñaban para sí mismos. Por esta razón, muchos púberes suelen hacer sus ídolos a cantantes, modelos o deportistas con los que identifican su yo ideal.

Son diversas las estrategias que utilizan los adolescentes para intentar compensar esta percepción de inseguridad y, en algunos casos, incluso de infravaloración. Rastas, pelos de colores, piercing, forma de vestir personalizada, pertenecer a tribus urbanas -punkies, skins, heavys- transgredir normas por el simple placer de no ajustarse al resto, etc., son llamadas de atención sobre su persona que ponen de manifiesto su deseo de sentirse mejor.

Evidentemente, cuando uno se siente peor que el resto, intenta ser mejor siendo diferente.



Aspectos psicoafectivos:

La adolescencia es una etapa de cambios, de decir adiós a muchas cosas y prepararse para dar la bienvenida a otras. El adolescente, una vez alcanzada la pubertad, se descubre distinto. Haber desarrollado la función reproductiva y experimentar el estímulo sexual con gran fuerza le separa indefectiblemente del niño que fue y le empuja a “despreciar” todo aquello que suene a infantil. Sabe que no es un niño porque no siente lo que sentía cuando era un niño.

A medida que el menor se va separando de la influencia de sus padres, su necesidad de búsqueda se hace perentoria. Búsqueda de su propio yo, distinto al yo ideado por sus padres, búsqueda de su propio criterio, diferente al criterio establecido por sus progenitores. En definitiva, busca ser lo más disímil posible a lo que antes era.

Los padres asistimos a este desconcierto emocional de la adolescencia con incertidumbre y recelo. El hecho de que nuestros hijos “decidan” romper bruscamente con todo aquello que desde pequeños les hemos inculcado como mejor sabíamos, nos hace sentir metafóricamente como cuando llevábamos toda la tarde haciendo un gran castillo de arena en la playa y de repente sube la marea y una ola se lleva por delante toda nuestra obra.

"Cómo convivir con adolescentes". Guía de la Comunidad de Madrid.

No hay comentarios:

Publicar un comentario