jueves, 16 de mayo de 2013

¿CÓMO AFECTA LA CRISIS Y EL DESEMPLEO A NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO?


El propio Parlamento Europeo ha reconocido el carácter alarmante de los efectos psicológicos y sociales del desempleo.  Los estudios realizados en nuestro país ponen más atención en los aspectos económicos y sociopolíticos que en las consecuencias psicológicas, las cuales podrían explicar la raíz de algunos trastornos y pautas de conducta no deseables.
La situación de paro laboral lleva en muchos casos a una serie de desarreglos provocados por la pérdida de autoestima y la desvalorización del estatus social. El aumento de las manifestaciones depresivas, los sentimientos de inseguridad y de fracaso, el aislamiento social, el deterioro de las relaciones familiares y el descenso de la salud mental en general, se asocial frecuentemente con las consecuencias del desempleo.
Obtener un empleo es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y desde entonces continuamente reforzada a través de las influencias de la escuela, la familia y los medios de comunicación. Cuando el individuo logra insertarse en el mundo laboral, accede a un nuevo estatus y a una nueva identidad social. El desempleo interrumpe este proceso con lo que va a generar una nueva experiencia de derrota y fracaso.
Para la persona, el desempleo no sólo significa no disponer de recursos económicos o de un trabajo remunerado, sino que significa también y principalmente, que la persona ha perdido su trabajo, algo que puede provocar trastornos afectivos o psico-fisiológicos.

Consecuencias psicológicas del desempleo:


Algunas de las consecuencias del paro son la pérdida de autoestima, sentimientos de inseguridad y de fracaso, experiencia de degradación social, vergüenza o sentimientos de culpa, generando un cambio en el autoconcepto de la persona.
El desempleo afecta también a las relaciones sociales. Conlleva una desvalorización ante los otros, que en algunos casos llegan a excluirle de determinadas actividades sociales, o bien es la propia persona la que se excluye por sentimientos de vergüenza, o en otros casos debido a la falta de recursos económicos.

Las consecuencias psicológicas también varían según los grupos de edad en los que se produce este desempleo:
En los jóvenes, la situación de paro supone una prolongación de dependencia de los padres. En un primer momento, suelen responder con agresividad, al ser rechazados en su demanda de trabajo. Pasada una fase de rebelión, el desempleo conduce a una marginalización hacia vías alternativas de socialización no deseadas como puede ser la delincuencia. En muchos casos, el desempleo es vivido como una experiencia de fracaso que acarrea un retraimiento marcado por la depresión, una disminución en las relaciones sociales y pasividad. Se encuentran encerrados en su casa con su familia, viendo la televisión o escuchando música, faltos de objetivos y con un sentimiento de vergüenza ante su propia familia, especialmente cuando ésta ha realizado grandes sacrificios para prepararles profesionalmente. En algunos estudios se ha constatado como la frustración y el pesimismo iniciales, se transformaban después de un tiempo en resignación y apatía, que quedaban indicadas en la falta de esperanza en el futuro y en el abandono de la búsqueda de un puesto de trabajo después de repetidos fracasos.

En los adultos, por lo general se habla de que pasan por distintas fases psicológicas tras la pérdida de empleo. Al principio, se produce una primera reacción de “shock”, con sentimientos de confusión, fracaso e incapacidad de hacer planes para el futuro; todo ello dura alrededor de una semana. Después, le sigue una fase de recuperación ligera, con un optimismo irreal, donde la persona se siente como “de vacaciones”, ya que aún no se considera del todo como desempleado, y lo ve como algo de carácter temporal, y aprovechan para realizar actividades en sus viviendas, etc.  Tras esta etapa, llega otro momento en el que la persona no puede seguir más tiempo viendo su situación así y comienza a realizar gestiones de búsqueda activa de empleo, que suelen ir acompañadas de las consiguientes experiencias de fracaso. Si en esta situación, todos los esfuerzos fracasan, el individuo pasa a sentirse pesimista y ansioso, y pueden aparecer trastornos psicofisiológicos. Esta fase puede durar varios meses, dependiendo de muchos factores, así como del apoyo social y la capacidad de afrontamiento de la persona. Si tras esta fase la persona no ha conseguido un empleo, llega a una última fase en la que llega a ser fatalista, viviendo el paro como un fracaso personal que le conduce al aislamiento. La depresión que resulta de este proceso se ve en ciertos momentos en ideas suicidas o en abuso de sustancias y drogas, como alcohol y tabaco.
Esta grave situación se une a muchas otras del día a día, que hacen que nos encontremos ante un estado  de desesperanza y lo transmitamos también a aquellos a los  que no les toca vivir esta tristeza, los niños.
Por ellos, pero sobre todo por nosotros mismos, debemos intentar ser optimistas y valorar las pequeñas cosas que cada día pasan por nuestra vida y quizá no les damos la importancia que se merecen.  Tenemos la capacidad como seres humanos de adaptarnos a los cambios, a las situaciones críticas que llegan a nuestra vida, por lo que tenemos que ver este momento como una posibilidad de cambio y éxito personal, dónde cada uno de nosotros podamos resurgir con más fuerza en nuestra vida. Debemos transmitir optimismo, y aprovechar este momento para inculcar a nuestros pequeños que no toda la felicidad se encuentra en la riqueza material, sino que existen otros valores que son los que de verdad nos hacen ser ricos y felices.

“El impacto psicológico del desempleo”. José Buendía.

1 comentario:

  1. Muy buen post para los tiempos que corren Cristina. Todos aquellos afectados por el desempleo que se hagan preguntas como ¿Soy yo el culpable?, deben saber que no es problemática del individuo, sino de la situación actual que vivimos. Hay que tener serenidad, la mente fría y vivir este momento difícil con optimismo, esperanza, ilusión y esfuerzo.

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