El
propio Parlamento Europeo ha reconocido el carácter alarmante de los efectos
psicológicos y sociales del desempleo. Los estudios realizados en nuestro país ponen
más atención en los aspectos económicos y sociopolíticos que en las
consecuencias psicológicas, las cuales podrían explicar la raíz de algunos
trastornos y pautas de conducta no deseables.
La
situación de paro laboral lleva en muchos casos a una serie de desarreglos
provocados por la pérdida de autoestima y la desvalorización del estatus
social. El aumento de las manifestaciones depresivas, los sentimientos de
inseguridad y de fracaso, el aislamiento social, el deterioro de las relaciones
familiares y el descenso de la salud mental en general, se asocial frecuentemente
con las consecuencias del desempleo.
Obtener
un empleo es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y
desde entonces continuamente reforzada a través de las influencias de la escuela,
la familia y los medios de comunicación. Cuando el individuo logra insertarse
en el mundo laboral, accede a un nuevo estatus y a una nueva identidad social.
El desempleo interrumpe este proceso con lo que va a generar una nueva
experiencia de derrota y fracaso.Para la persona, el desempleo no sólo significa no disponer de recursos económicos o de un trabajo remunerado, sino que significa también y principalmente, que la persona ha perdido su trabajo, algo que puede provocar trastornos afectivos o psico-fisiológicos.
Consecuencias
psicológicas del desempleo:
Algunas
de las consecuencias del paro son la pérdida de autoestima, sentimientos de
inseguridad y de fracaso, experiencia de degradación social, vergüenza o
sentimientos de culpa, generando un cambio en el autoconcepto de la persona.
El
desempleo afecta también a las relaciones sociales. Conlleva una
desvalorización ante los otros, que en algunos casos llegan a excluirle de
determinadas actividades sociales, o bien es la propia persona la que se
excluye por sentimientos de vergüenza, o en otros casos debido a la falta de
recursos económicos.
Las consecuencias
psicológicas también varían según los grupos de edad en los que se produce este
desempleo:
En los
jóvenes, la situación de paro supone una prolongación de dependencia de los
padres. En un primer momento, suelen responder con agresividad, al ser
rechazados en su demanda de trabajo. Pasada una fase de rebelión, el desempleo
conduce a una marginalización hacia vías alternativas de socialización no
deseadas como puede ser la delincuencia. En muchos casos, el desempleo es
vivido como una experiencia de fracaso que acarrea un retraimiento marcado por
la depresión, una disminución en las relaciones sociales y pasividad. Se encuentran
encerrados en su casa con su familia, viendo la televisión o escuchando
música, faltos de objetivos y con un sentimiento de vergüenza ante su propia
familia, especialmente cuando ésta ha realizado grandes sacrificios para
prepararles profesionalmente. En algunos estudios se ha constatado como la
frustración y el pesimismo iniciales, se transformaban después de un tiempo en
resignación y apatía, que quedaban indicadas en la falta de esperanza en el
futuro y en el abandono de la búsqueda de un puesto de trabajo después de
repetidos fracasos.
En los
adultos, por lo general se habla de que pasan por distintas fases psicológicas
tras la pérdida de empleo. Al principio, se produce una primera reacción de “shock”,
con sentimientos de confusión, fracaso e incapacidad de hacer planes para el
futuro; todo ello dura alrededor de una semana. Después, le sigue una fase de
recuperación ligera, con un optimismo irreal, donde la persona se siente como “de
vacaciones”, ya que aún no se considera del todo como desempleado, y lo ve como
algo de carácter temporal, y aprovechan para realizar actividades en sus
viviendas, etc. Tras esta etapa, llega
otro momento en el que la persona no puede seguir más tiempo viendo su
situación así y comienza a realizar gestiones de búsqueda activa de empleo, que
suelen ir acompañadas de las consiguientes experiencias de fracaso. Si en esta
situación, todos los esfuerzos fracasan, el individuo pasa a sentirse pesimista
y ansioso, y pueden aparecer trastornos psicofisiológicos. Esta fase puede
durar varios meses, dependiendo de muchos factores, así como del apoyo social y
la capacidad de afrontamiento de la persona. Si tras esta fase la persona no ha
conseguido un empleo, llega a una última fase en la que llega a ser fatalista,
viviendo el paro como un fracaso personal que le conduce al aislamiento. La depresión
que resulta de este proceso se ve en ciertos momentos en ideas suicidas o en
abuso de sustancias y drogas, como alcohol y tabaco.
Esta grave
situación se une a muchas otras del día a día, que hacen que nos encontremos
ante un estado de desesperanza y lo transmitamos
también a aquellos a los que no les toca
vivir esta tristeza, los niños.
Por ellos,
pero sobre todo por nosotros mismos, debemos intentar ser optimistas y valorar
las pequeñas cosas que cada día pasan por nuestra vida y quizá no les damos la
importancia que se merecen. Tenemos la
capacidad como seres humanos de adaptarnos a los cambios, a las situaciones
críticas que llegan a nuestra vida, por lo que tenemos que ver este momento
como una posibilidad de cambio y éxito personal, dónde cada uno de nosotros
podamos resurgir con más fuerza en nuestra vida. Debemos transmitir optimismo,
y aprovechar este momento para inculcar a nuestros pequeños que no toda la
felicidad se encuentra en la riqueza material, sino que existen otros valores
que son los que de verdad nos hacen ser ricos y felices.
“El
impacto psicológico del desempleo”. José Buendía.
Muy buen post para los tiempos que corren Cristina. Todos aquellos afectados por el desempleo que se hagan preguntas como ¿Soy yo el culpable?, deben saber que no es problemática del individuo, sino de la situación actual que vivimos. Hay que tener serenidad, la mente fría y vivir este momento difícil con optimismo, esperanza, ilusión y esfuerzo.
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